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Alba Gállego Royo: “La autoexigencia de los estudiantes de medicina impacta en su cuidado personal y muchos de ellos desconocen la figura del médico o la médica de familia”

Alba Gállego Royo: “La autoexigencia de los estudiantes de medicina impacta en su cuidado personal y muchos de ellos desconocen la figura del médico o la médica de familia”

Alba Gállego Royo fue reconocida por la semFYC en 2020 con una beca Isabel Fernández por su tesis doctoral “Aprendiendo a ser médico… y a veces, paciente”, en la que ahonda en cómo experimentan la enfermedad alumnos y alumnas de la carrera de medicina y cómo esto puede influir en su relación con los y las pacientes.

 

Tiempo de lectura: 4 minutos
Fecha de publicación: 07 February 2024

En esta entrevista, Gállego nos habla de este trabajo, de la necesidad de reforzar el apoyo emocional en las facultades y de cómo ha impulsado su carrera investigadora el hecho de ser reconocida por la semFYC.

En tu tesis, has analizado el proceso de enfermar de estudiantes de medicina. ¿Cómo crees que esta experiencia puede influir en la percepción de la enfermedad y el sufrimiento de los futuros médicos y las futuras médicas en su práctica clínica?

Aquellos estudiantes que han pasado un proceso de enfermar durante su periodo formativo han tenido la oportunidad de conocer la otra cara de la moneda, y han podido poner en valor la importancia de la comunicación con los pacientes, los tiempos de reflexión para afrontar las decisiones en el proceso y la importancia del seguimiento longitudinal de los profesionales. Pero, sobre todo, refieren una mayor empatía con los pacientes y un cambio en su sistema de valores: Si previamente lo prioritario era la carrera universitaria, los exámenes, las practicas, las notas… tras la enfermedad, son capaces de relativizar y anteponer su bienestar físico y mental en muchos casos, sobre todo cuando la enfermedad es más grave.

Al realizar entrevistas personales a alumnado de medicina que padecía alguna enfermedad, ¿encontraste patrones comunes en las formas en que afrontan su propia enfermedad y cómo se relaciona esto con su futura profesión?

Hay que destacar que no es lo mismo un proceso agudo o crónico, ni una enfermedad que se resuelva por completo a un proceso que vaya a generar secuelas, o que el desarrollo de la patología les obligue a renunciar al estilo de vida habitual para un joven de su edad. En cualquier caso, y a riesgo de generalizar, si que se observan una serie de patrones recurrentes: los procesos crónicos suelen conciliarse bastante bien con la vida académica, aunque dejan en un segundo plano los cuidados a nivel de la alimentación o el ejercicio físico en el caso de los periodos de exámenes o mayor carga de prácticas. Los procesos agudos en personas previamente sanas suelen generar diagnósticos tardíos, ya que los estudiantes tienden a autodiagnosticarse y autotratarse, demorando así la consulta con profesionales. En este caso, además, no suelen acudir a su médico o médica de familia, sino que comentan sus síntomas con profesores, alumnos de cursos superiores o residentes.

¿Cuáles son los hallazgos más destacados de tu tesis doctoral?

Creo que una cuestión reseñable y de interés es la gran autoexigencia que muestran los estudiantes de medicina respecto a su carrera académica, priorizando sus estudios a su vida social, familiar y su propio cuidado.

También es necesario señalar la frecuente ausencia de la figura del médico o de la médica de familia en la vida de los estudiantes de medicina, ya que uno de cada cuatro estudiantes no conoce o ni siquiera tiene médico de familia asignado. Esto puede tener consecuencias muy importantes en relación con la prevención y el seguimiento de enfermedades crónicas, y perpetúa la tendencia y los riesgos del autodiagnóstico y del autotratamiento tanto para enfermedades leves, como para síntomas o síndromes que deberían ser valorados por estos profesionales.

Además, para la mayoría de los estudiantes (más del 80%), la universidad no es vista como una entidad que les ofrezca apoyo. Es necesario reivindicar la figura del médico y de la médica de familia en general y, en particular, su necesidad y presencia para la prevención, el cuidado y el apoyo que los estudiantes pueden necesitar en un momento especialmente vulnerable de su trayectoria vital.

¿De qué manera las diferencias identificadas entre la forma de enfermar de los médicos y de las médicas, y la población general podrían impactar en la comunicación con los pacientes y en la toma de decisiones clínicas?

Es importante señalar que este proyecto nace tras un trabajo previo en relación con el proceso de enfermar de los médicos y las médicas en activo, residentes y jubilados:  “Enfermar es humano: cuando el paciente es el médico”, liderado por la Dra. Pilar Astier.

Al comenzar a trabajar en este proyecto, rápidamente quedó patente que algunas de las actitudes de los profesionales cuando enferman, como el presentismo o el retraso diagnóstico, etc., pueden impactar en la seguridad de los pacientes. Y sospechábamos que muchas de estas actitudes tienen su origen en la facultad… Es por ello que ampliar la investigación para incluir al alumnado, nos ha permitido comprobar que, efectivamente, hay actitudes relacionadas con la propia enfermedad que son aprendidas durante el periodo universitario, sobre todo durante las prácticas. Todo esto demuestra la importancia del currículum oculto, y cómo los estudiantes interiorizan no solo conocimientos teóricos y prácticos, sino también actitudes y estilos de afrontamiento, como la manera de enfrentarse a un problema propio o el de un compañero, por poner algunos ejemplos.

¿Has identificado en tu investigación alguna iniciativa o estrategia que las facultades de medicina podrían implementar para mejorar el apoyo emocional y ético a los estudiantes que enfrentan procesos de enfermedad durante su formación?

En la actualidad, la mayor parte de estrategias o iniciativas son proyectos de innovación docente. Algunas universidades privadas, si que han incluido test psicológicos a la entrada que permite conocer a alumnos vulnerables o que pueden necesitar cierto apoyo en el cuidado de su salud mental. Otras tienen asignaturas optativas o de libre elección relacionadas con técnicas de relajación y meditación, gestión emocional… Pero no hemos objetivado en ninguna facultad un temario especifico que introduzca el concepto de la enfermedad del propio profesional, que señale las peculiaridades a tener en cuenta tanto como profesional (medico de médicos) como posible médico-enfermo. Por ello, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza dentro de la asignatura de Ética y Comunicación, al amparo de la Cátedra de Profesionalismo y Ética, hemos puesto en marcha una clase monográfica sobre este tema que llevamos desarrollando a la par del proyecto. No es infrecuente que algunos alumnos, tras la clase, acudan a consultar, compartir alguna experiencia personal o incluso a pedir orientación y ayuda.

En el contexto de la formación médica, ¿cómo consideras que los resultados de tu investigación podrían influir en la implementación de programas de bienestar y cuidado emocional para los estudiantes, con el objetivo de promover una formación más integral?

Creo que esta investigación es el inicio, la forma de descubrir los problemas que estaban escondidos dentro de la formación universitaria de los estudiantes de medicina. Hemos realizado comparaciones con universitarios de otro tipo de disciplinas, y creo que es necesario señalar la existencia de diferencias en la prevalencia de ciertas patologías, que se aprecian más entre los alumnos que eligen carreras sanitarias.

Todo esto pretende permitir un cambio en la cultura emocional de las universidades, y esperamos que se puedan establecer puentes de colaboración entre universidades y el Sistema Nacional de Salud, para generar protocolos homogéneos de actuación tanto para estudiantes que pidan ayuda a profesores, como profesores que observen signos de alarma. En algunas universidades ya se ha iniciado esa tarea, como por ejemplo con la valoración de la vacunación de los estudiantes de medicina como población de riesgo (estrategia del Ministerio de Sanidad). Pero todavía son iniciativas aisladas y queda mucho camino por delante.

¿Qué ha significado para ti recibir una beca Isabel Fernández?

Primero de todo, fue un orgullo que se me otorgara, porque su prestigio avalaba el esfuerzo investigador que estábamos realizando.

Investigar es complicado, y conseguir financiación para investigar especialmente en ámbitos como la Atención Primaria y la bioética, me da la sensación de que lo es todavía más.

La beca me ha permitido, por ejemplo, adquirir licencias de programas de análisis cualitativo, poder acudir a congresos para difundir los diversos resultados preliminares... Ahora toca poder publicarlos en revistas de impacto para que nuestras conclusiones sean conocidas y adecuadamente divulgadas entre la comunidad científica.